La Biblia es nuestra guía



La Biblia es nuestra guía
 Todos los que somos creyentes genuinos entendemos que la escritura es nuestra guía. En ella encontramos un sin número de promesas y exhortaciones que nos dicen cómo debemos de conducirnos en esta vida.  Esas promesas son un regalo precioso de parte de Dios para los hombres.  El apóstol Pablo le dice a Timoteo:  Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.”  (2 Tim. 3:16)

Muchos en el pasado escribieron grandes obras basadas en la escritura ejemplo de ellos son los padres de la iglesia, a los cuáles se les llamó  “post-apóstolicos.”  Sus escritos tienen un significado muy valioso que pueden ayudarnos a expandir nuestras mentes, hasta cierto punto, acerca del conocimiento de Dios.  Sin embargo, ninguno de esos escritos puede reclamar ser inspirado y ninguno de ellos puede calmar la sed y el hambre de nuestras almas.  Eso única y exclusivamente lo puede hacer la palabra de Dios, la biblia.

Pablo afirma que la escritura es: útil, es decir es muy provechosa y de gran beneficio.  Dios la dió para la enseñanza del hombre, es por medio de ella que nosotros conocemos quién es Dios y cómo es Dios. Nos enseña también acerca de nuestro comienzo, el significado de la vida y el fin de todas las cosas.     Ellas revelan verdad, nos dan los principios y reglas para vivir una vida que agrade a Dios.

Los filósofos y maestros de nuestros tiempos son ambiciosos y a menudo hacen demostraciones conmovedoras al hablar, pero la escritura tiene un orden propio.  La escritura tiene una hermosa precisión y una certeza que sobrepasa a todos los filósofos, porque es el Espíritu Santo hablándonos a través de ella.  La biblia nos habla directamente de una manera comprensible.

Además de enseñarnos también nos redargülle, esto quiere decir que nos convence del error.  Somos reprendidos cuando desobedecemos la voluntad de Dios.  Nos corrige, todos en algún momento de nuestra vida nos hemos equivocado.  Cuándo nuestros hijos nos desobedecen, como padres estamos prestos a corregirlos.  Así es nuestro Dios, quién también es nuestro Padre; nos disciplina por medio de su palabra.

La biblia nos instruye, esa instrucción es el proceso por el cuál somos moldeados hasta llegar a la madurez.  Ellas nos cambian del pecado a la santidad, de la incredulidad a la fé y de una vida de maldad a una vida que glorifica a Dios.  Esa verdad nos transforma.

Y la meta a la que nos lleva el conocimiento de las escrituras es: “que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”  (2 Tim.3:17)

El mensaje de la biblia en la vida de un creyente es doble.  Primero, que seamos instruidos en la ley para amar la rectitud, porque por naturaleza no estamos inclinados a hacerlo.  Segundo, que aprendamos las reglas sencillas de la vida a fin de que no tropecemos en nuestro camino.

Ahora la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: cuánta importancia ocupa la palabra de Dios en mi vida?  Si yo digo que amo a Jesús, él probablemente nos respondería de la siguiente manera: “el que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” (Jn. 14:23)

Salomón Altamirano

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